Procesos catalizadores

Procesos catalizadores

Oniria e Insomnia de Love of Lesbian inicia de la siguiente manera.

Oniria encuentra a Insomnia
Los dos conectan bien
Quizás en otra vida
Fueron un mismo ser

No diré que esta historia empezó igual, pero irónicamente sí lo hizo. Aunque con sus matices y sus pormenores, claramente. En el gran contexto del universo, he de suponer que simplemente fue un vistazo rápido y efímero a un mundo que jamás pudo ser, aunque yo siempre quise creer que sí podría serlo. Sería muy desafortunado afirmar que mi adicción a las grandes historias no es mi pasión de vida.

Esta no es una justificación, sería muy absurdo creer que lo es. De cierta manera, representa el epitafio de un viejo mundo y uno nuevo iniciando (y esperando) por muchas más aventuras, desolaciones, pasiones y sobretodo: obsesiones.

No quiero hablar de probabilidades ni anomalías, ni el simple hecho de observar e intentar amar los detalles del universo. Pero… es imposible no apreciar la convergencia de lo imposible, incesante y complejo que representan los sistemas.

Y creo que eso es lo hermoso de la existencia: los sistemas. Encontrar la serie correcta, el patrón ideal y la casualidad oportuna, en el momento perfecto. Todo representa un daño colateral, o al menos, quiero creer, el simple hecho de apreciar los infortunios que representan las dinámicas del mundo.

He crecido y asumido que todos los pasos previos llegaron a este único punto, en donde la única forma de apreciar los avances y la gigante contextualización de mi legado no habían sido una alucinación; sino un hecho tangible. Tal vez lo único faltante era el espejo que me mostraría en lo que me había convertido: no en un monstruo, pero en la verdadera frecuencia de mi existencia.

¿Era necesario enmarcar lo que sentía en una nube de texto? La respuesta no es trivial y probablemente nunca lo sea. Las historias no están hechas para entenderse a primeras, sino en un proceso que ayude a discernirlas en su máximo esplendor. Las metáforas facilitan y extrapolan la simpleza de lo mundano y de las cuestiones no tan mágicas.

Visitar el fin del mundo podría representar una fascinación para una mente no tan retorcida… pero para una mente en búsqueda de emociones diarias, fue un día más en la existencia. Un poco más abrumador que de costumbre, pero posible de contemplar con la correcta sincronía de las cosas que no tienen mucho sentido al principio, pero un total sentido al final.

Las idas y venidas de mis pasos por aquella ciudad, representaron un mundo que había sido hasta entonces irreconocible; pero que hizo todo el sentido cuando las piezas se alinearon y la eficiencia de los procesos cumplieron con su prometido: el bien común de una sociedad.

Me gustaría decir que cumplió con su misión, pero logró todo lo contrario. Mostrarme un mundo pendiente de ser descubierto y tal vez, solo quizás, ser conquistado.

El tiempo pasa, ¿y estas palabras tienen algún sentido? Seguramente no, porque las buenas historias no tienen que tener sentido para representar la belleza de la simple naturaleza humana.

No nos vamos a encontrar por una tercera vez, pero me dio la ilusión de que sí podría suceder y eso es todo.

En el sin sentido de observar, de poseer, de entretener las posibilidades imposibles. De las incógnitas de grandes pensadores y las excentricidades que conforman el simple hecho de existir; y de pensar.

Solo quería decir que no sé que pensar, porque la lógica sabe la respuesta y no la acepta; y no porque fuera un hecho real, sino por el hecho de la otra parte imaginó que sí podría ser y se lo hizo creer así misma.

Pero era una completa absurdez.

No importa estar en medio del océano observando rocas con cientos de años de historia, al final solo es la desolación de la inmensidad del mundo y el purísimo objetivo de sentir nada; y sentir todo.

A veces las estrellas fugases solo pasan una vez en la vida.

Mi misión no es hacerte entender, porque sé que no lo harás, porque las palabras son baratas si no se sienten con el sistema limbico (y tal vez con un poquito del alma).

El tiempo solo pasa y las conclusiones llegan. Como todo lo que suele suceder en un gran trama de acción, de indecisiones prematuras y de infinidades posibilidades de simplemente sentir por primera vez.

No hay explicación coherente, porque no hace falta matar lo que ya se ha muerto; pero si algún día las curiosidades o simplemente una pizca de ambición cruza por tu mundo, el Gran Gatsby tiene la respuesta.

Aunque la realidad representa una versión lamentable y sesgada de los hechos.

No creo entenderlo yo mismo, aunque lo haya tratado y la evidencia lo afirma otra manera.

Lo acepto como las cosas que no tiene que tener sentido para hacerlas. Como la simple anomalía que representó en un ambiente de sucesos más grandes.

Así que aunque las infantilidades de la primera vez fueron dignas de hacer una segunda vez, nuestro sistema de frecuencias simplemente no quisieron coincidir en el mismo punto del espacio tiempo.

No diré adiós, porque nunca me ha gustado decir adiós, pero seré consciente que algunas despedidas pendientes son para todo el tiempo que nuestras consciencias sigan en este lugar del espacio tiempo (o para toda la eternidad, para los entendidos).

Paradójicamente, esto terminó de la manera que la primera sinfonía ya lo había anunciado.

Rudik simplemente. Científico de datos. Matemático aplicado, ajedrecista y dueño de rudiks.com. Le apasionan los lenguajes de programación y las aperturas extrañas de ajedrez. A veces escribe cosas random.

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