Creo que has asumido que me conoces. Quizás muchísimo. Sé quien eres. Has confesado todo y yo no te he confesado nada.
Tú ingenuamente, yo con todas las malas intenciones del mundo.
Realmente, no. Solo demasiada curiosidad de tu mundo.
Te he visto a lo largo de los años, no funcionó cuando debería haber funcionado.
Pero quizás sí.
Apareciste el día que una conexión debería haber sucedido.
¿Mala presentación mía? No, esa era la absoluta magia de las historias que se deberían contar con un álbum de Led Zeppelin.
Y con el juego que hace muchísimos años compartimos.
Sé de tu historia.
Pero no de la que intencionalmente ocultas.
Porque claramente, había algo que tenías que ocultar.
Nos hemos visto.
No por específicamente gracia de las cosas extraordinarias.
Sino que por tu vehemencia.
Ha funcionado bien por las primeras horas.
Hasta ese momento.
En donde el cortisol cruzó por toda mi neurología.
Él.
He decido no continuar.
Aunque tú no lo has comprendido en ese instante. Ni en las semanas consecuentes.
Te dejé un mensaje en papel Arches y una parte de mi consciencia contigo.
Somos lo que somos.
Aunque fuimos lo que fuimos en el momento justo.
Otro castillo de arena.
